Artículos de Opinión

Oír, ver, escuchar

Por Antuán Duanel

No debes olvidarlo nunca: tu casa es suya

Lleva un tiempo rondándome la cabeza la idea de rendirle algún homenaje al bueno de Rodrigo de Lorenzo, un tipo que en los años ochenta tuvo la genial idea de formar en Madrid, junto a Eugenio Haro Ibars, un excéntrico grupo llamado Ciudad Jardín. Tenía bien decidido que la calidad que destilan muchos de sus temas debían encontrar alguna conexión con el cine, pero no acababa de saltar la liebre hasta que metí de lleno el pie en el cepo: la entrada al piso que en propiedad iba a poder disfrutar cuando se terminara de construir. Ello tendría que ser dentro de poco, vamos, casi nada, unos mesecillos de ansiosa espera. Así Oir ver escuchar. Su casa es suya2que dando vueltas he acabado encontrando una conexión entre algunos temas tratados por Ciudad Jardín y ciertas películas. Hoy, por tratarse de la primera incursión en este formato por entregas (que aúna cine, música y aspectos en torno al sonido y la escucha) me detendré en la explicación de ciertos aspectos que puede que vuelvan a aparecer en futuros episodios, a los que espero que acudáis cuando os plazca, tengáis tiempo, o el peso del pago de la letra de la hipoteca os lo permita. Y digo esto último porque el tema seleccionado es la agonía inmobiliaria, por lo que la película 5 metros cuadrados, de Max Lemcke, viene como anillo al dedo. En ella se muestran parte de los casi invisibles hilos que hicieron trizas la vida de mucha gente -de hecho para algunos no ha terminado todavía.

El día que una promotora inmobiliaria decide acogerse a ese nuevo término del concurso de acreedores -el siempre bien entendido por todos suspensión de pagos- la vida cambia, decididamente, para peor. De eso se da cuenta Fernando Tejero en esta más que digna película que narra las peripecias que enajenan a un humilde trabajador de treinta y tantos próximo a casarse, que, por una razón no escogida, ve como le levantan la que debía ser su casa, esa para la que había ya adelantado parte de sus ahorros. Por ello decide, no muy premeditadamente, lanzarse hacia la espiral que va a convertirlo en un auténtico hombre, perdiendo por el camino parte de lo que le atenazaba -ese carácter propenso a asentir ante todo- y lo que más quería -su novia, supuesta futura esposa. Así que un buen día ya nada es como iba ser, y todo debido a que le falta “eso que necesita como ser humano, un hogar”.

Oir ver escuchar. Su casa es suya1Esta somera sinopsis entronca, de refilón, con la propiedad inmobiliaria,  corpus de la canción de Ciudad Jardín Su casa es suya. Sucede que aplicada a las vicisitudes que la vida doméstica va desgranando en una pareja supuestamente feliz. El disco homónimo de la banda de Rodrigo, que venía de tocar la guitarra en Ella y los neumáticos, destilaba una inmediatez digna del debut de Los Ronaldos, pero aplicada a intrascendencias hilvanadas por un dadaísmo digno de estudio. Por ello estoy aquí limpiando la herida sufrida con el cepo -aquel del principio-, el cual debe ayudarme a desgranar las bondades de un pepino que tiene frases antológicas como un contrato sucio fue todo lo que consiguió, de la que seguro daré buena cuenta en otra entrega. Ahí lo tenéis, y si no a ver cómo llegó el protagonista de 5 metros cuadrados a ser propietario de un lugar ubicado en las coordenadas de un espacio aéreo, vacío, ¡aire joder!, ¡aire nada más! ¡Que habían parado las obras porque alguien había visto un lince en una sierra del litoral alicantino! Todo el mundo cabal -lo sé, me estoy tirando a la piscina- sabe que en la costa alicantina la tierra es amarilla, ocre, un secarral vamos; así que el lince, puro elemento desencadenante, debió de ser o puro espejismo, o el del candado. Todo esto para explicar cómo funciona el mundo oculto de los intereses económicos, el de los chanchullos que alcanzaron al suelo rústico para hacer de él un vergel donde levantar casas vacías, estructuras a medio hacer, y de paso cepillarse parte del dinero de una gente que tenía que sudar, y mucho, para pagar mensualidades, en ocasiones por encima de sus posibilidades, y es que no hay que olvidar que la codicia, aún a pequeña escala, alcanzó incluso a los pobres. Locura, eso es en lo que deviene Tejero en esta película que triunfó en el festival de cine de Málaga de 2012.

Sin embargo, la locura jamás alcanzó a Ciudad Jardín, ya que nunca llegaron a reventar las listas de ventas (en la época en que podían reventarse, ¡claro!). Lo que si dejaron es un reguero de fieles seguidores que abrazaron una corriente conocida como las hornadas irritantes. En esta red estaban increíbles grupos como Derribos Arias, Glutamato Ye-Yé, los cuales siguen dándole al asunto del pop; Sindicato Malone -¡gente, escuchad Walpurgis!: ¡himnazo!- o Décima Víctima, éstos propensos a la introspección más lánguida propia del after-punk brintánico, y que, literalmente, no se comieron un torrao, y sin embargo han visto reeditar su discografía al completo en vinilo estando vendida prácticamente toda antes de salir a la venta. Paradojas de la vida, como en 5 metros cuadrados.

Pero no nos distraigamos por favor. El estribillo en cuestión es su casa es suya y sólo suya, no debes olvidarlo nunca, su casa es suya.

Qué bueno, ¿¡eh!? Así que Tejero no puede irse a su casa porque no está terminada -ni va a estarlo- por lo que debe aguantar bajo el techo de su suegro -duro, ¡eh!-, o soportar la irreal vida de un hotel de carretera, de esos que complacen por no molestar, pero no satisfacen por no llenar. Complicado eso de sentir lo que el comercial de la inmobiliaria le ofrecía: un hogar. Parad un momento a pensarlo friamente, la verdad es que la casa es del banco, por lo que no es tuya sino suya, y eso, de verdad, pero de la buuenaa, es que no se olvida nunca porque siempre está ahí en el cogote, machacándole a uno que tiene que hacer esfuerzos para pagar los plazos; como Cassen y su motocarro en Plácido, pero en metros cuadrados.

Rodrigo, ¡muchacho!, lo has clavado; la casa no es mía sino del banco hasta que deje de deberle lo que me ha prestado. ¡Ah, por cierto!, ¡dinero que no tiene!; ¡no hay quien lo entienda! ¿No?

El ritmo frenético de la canción comparte con nosotros las miserias que padece el protagonista, en un tema que acompaña a otros como Aquí la caña manda, o la increíble Dame Calidad, la cual ha dado lugar a que extraños individuos le rindan pleitesía en programas radiofónicos difundidos a través de internet (http://damecalidad.blogspot.com). Una loable tarea de genuina arqueología musical donde el acetato de vinilo campa a sus anchas en unas emisiones que no dejan indiferente a nadie -vamos, ni dejarán, porque no parecen tener intención de detenerse.

No os descuidéis y vigilad donde firmáis, ya que tal vez sea una sentencia de muerte envuelta en arcilla cocida, como la del ladrillo que por poco se nos lleva por delante.

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