Crítica

“Blue Valentine”, de Derek Cianfrance

Por David Costas

Con un vergonzoso retraso de más de dos años llegaba a nuestras pantallas Blue Valentine, segundo trabajo de Derek Cianfrance (su ópera prima Brother Tied, a pesar de las alabanzas críticas se encuentra “desaparecida”), que a pesar de contar con una nominación al Oscar a la Mejor Actriz y ser considerada una de las mejores películas del año al que realmente pertenece (el ¡2010!), no ha conseguido estrenarse en España hasta ahora.

Y es una lástima el maltrato a esta película, porque con una sabia promoción y un estreno apropiado, en invierno de su año (temporada adecuada para películas de más “prestigio”), sin duda alguna esta película hubiera encontrado su público. Algo que se le está negando al aparecer de tapadillo como descarte de alguna distribuidora. Crimen aún más flagrante cuando se descubre que estamos ante una auténtica joya, una película destinada a ser un clásico contemporáneo, una radiografía precisa y dolorosísima de la relación de pareja.

Blue Valentine 3

Hay algo en Blue Valentine que la vuelve única, totalmente especial y distinta al resto de películas de corte indie con las que se la podría llegar a emparentar. Estamos ante una de las películas más honestas que se han rodado en años. Y creo que es esa honestidad, ese respeto y dedicación absoluta a sus personajes, al espectador y su historia; la que hace que la de Cianfrance sea una película tan cruda y descarnada pero a la vez una experiencia de una belleza que quita el aliento y atrapa al espectador. Y ahí reside su magia: en que duele, duele mucho; pero conmueve y emociona, enamora. Y desde aquí aviso a navegantes: ahí reside también la complicación de hablar, analizar esta película sin involucrarte tú. Creo que la mayor virtud de Blue Valentine es precisamente esa imposibilidad de desprenderte de ella y de ti mismo, el estrecho vínculo que la propia película establece contigo.

Blue Valentine 5

Blue Valentine nos cuenta el cortejo y los últimos estertores de una joven pareja de forma paralela, en perfecta sincronía. Y aunque la estructura de la película en dos tiempos funciona a la perfección, pues ambas partes se relacionan entre sí y el efecto reflejo resulta fascinante; lo que nos hipnotiza de la historia de esta pareja son los detalles que la vuelven tangible. Estamos ante personajes que por un lado nos resultan perfectamente reconocibles e identificables, y por otro resultan únicos y genuinos. Durante la película se da la extraña (por poco habitual) sensación de que sientes que los conoces, que los entiendes, te importan y en cierto modo, son tú. Ello se da gracias al modélico guión, y especialmente a dos actores, Ryan Gosling y Michelle Williams, cuya química en pantalla solo se puede calificar de milagrosa, con una fuerza atronadora, que parecen nacidos para sus personajes. Y qué personajes. Él con un carisma inabarcable, un sinfín de aptitudes, pero a la vez escondiendo inmadurez, un romántico impulsivo que se entrega a corazón abierto a una Michelle Williams con hambre por vivir, pero más ambivalente, con multitud de dudas entre lo que quiere y lo que se espera de ella, siempre abrumada por los encantos de él, que a su vez sabe usarlos para herirla. Gosling y Williams hacen suyos todos y cada uno de estos rasgos haciendo de cada escena compartida un clímax en sí misma. Son esos detalles, la delicadeza de sus composiciones, lo cuidado del guión, los que producen momentos que rebosan auténtica magia: Williams contando un chiste en un autobús y las reacciones de Gosling ante ello, éste último cantando la profética You Always Hurt the Ones You Love y tocando el ukelele mientras la primera hace claqué (en un momento que ya forma parte de la historia del cine romántico); los distintos efectos que produce la escucha de “su canción”, así como la relación de ambos con el sexo, tan dulce y apasionada como humillante y destructiva; la realidad de cada discusión, de sus reproches, sus contradicciones… Cientos de situaciones que sentimos nuestras  y que nos muestran a una pareja que no llega a encontrarse, que no puede evitar hacerse daño, pero que paradójicamente no pueden vivir el uno sin el otro.

Blue Valentine 2

Es ésta una película de sueños truncados, de cómo hacemos daño a aquellos a los que amamos, y esos daños pueden acabar siendo irreparables, de las consecuencias de nuestros actos que llegan cuando no las esperábamos y ya son inminentes. Habla de cómo alimentamos nuestros rencores, nuestras inseguridades, nuestros propios complejos. Habla de las debilidades humanas y de la forma de buscar una redención. Habla de las maravillas y dolores que trae consigo mostrarte tal y como eres a una persona, que lleguen a conocerte. Habla de cómo nace el amor y de cómo lo matamos, cómo a veces parece simplemente sentenciado. De cómo éste es una experiencia tan intensa que no todos pueden resistirla. Y vivir esta película es vivir ese amor: crudo, duro, agresivo, muy doloroso; pero de una belleza incomparable.

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