Festivales

Broche de oro para el Atlántida Film Fest (2)

Por David Costas Oliete

La tercera edición del Atlántida Film Fest llegó el pasado 22 de abril a su fin, y no ha podido hacerlo de mejor manera: superando la barrera de los 300.000 espectadores y conseguir de este modo doblar las cifras del pasado año; con un palmarés a la altura de su fascinante programación, y con una película de clausura que es, con permiso de Stories We Tell de Sarah Polley, lo mejor que se ha visto en todo el festival. Un final de traca para un festival que nos ha demostrado, película a película, durante todo un mes, que no merecía menos.

En lo concerniente al reparto de premios, el jurado (compuesto entre otros por el cineasta Kike Maíllo, el crítico de cine y director del Festival de Sitges Ángel Sala, o el director de Fotogramas Toni Ulled) otorgó el premio a la Mejor Película de forma unánime a la mexicana Después de Lucía, de Michel Franco; y destacó con una mención especial a la brasileña Sonidos del Barrio, ópera prima de Kleber Mendonça Filho. Ambas eran, sin duda, las mejores películas de la Sección Oficial, y por ello, el fallo del jurado (que también destacó la interpretación de Nadia de Santiago en Alí) es digno de elogio. Pero es una pena que hayan decidido decantarse por la mexicana por encima de la brasileña, siendo esta segunda bastante superior, más compleja y con mucho mayor alcance y valor cinematográfico. Después de Lucía, que fue seleccionada por su país para competir por el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa, y que ganó el premio Una Cierta Mirada en el pasado Festival de Cannes, es la clase de película a la que el (ridículo) apelativo de “necesaria” le va como un guante. Es una película sobre el bullying, pero que, afortunadamente, no se ve lastrada por su afán ilustrador y el resultado es un trabajo devastador, que obliga en ocasiones a apartar la mirada o a desear que el largometraje acabe. Contando con un reparto estupendo (destacando a la joven protagonista, Tessa Ia), y narrada en insoportables, pero muy apropiados planos secuencia; consigue hacer dolorosamente real lo que podría haberse tildado de tremendista. Muy, tal vez demasiado influenciado por Haneke, sin llegar a la genialidad del maestro austriaco, el final acaba pecando de efectista.

Sonidos del Barrio

Imagen: Sonidos del Barrio

A pesar de sus incuestionables virtudes, la experiencia que ofrece Sonidos del Barrio acaba resultando mucho más enriquecedora. Estamos ante una película con ecos muy bien entendidos de la mejor tradición del cine coral, como bien podría ser el del Robert Altman de Vidas Cruzadas (de hecho, Sonidos del Barrio recuerda y mucho a los relatos de Norman Mailer), pero en este caso, añadiéndosele altas dosis de lucha de clases y una muy inspirada crítica social, así como una atmósfera que vibra por su sensualidad y sensorialidad. Como su propio nombre sugiere, estamos ante una película que se escucha tanto como se ve; y que habla de los prejuicios y el aburrimiento de las clases burguesas combinando sabiamente el humor y el suspense. Sin duda alguna, la merecedora de ser la Mejor Película del festival.

Después de Lucía

Imagen: Después de Lucía

Pero ambas películas tienen que agradecer que Los Ilusos no entrara a competición. La segunda película de Jonás Trueba es el verdadero descubrimiento del Atlántida Film Fest, la confirmación de su director como uno de los mayores nuevos talentos nacionales y no me extrañaría que acabara siendo la mejor película española de 2013. Estamos ante una película que rebosa vida fotograma a fotograma, imprevisible, loca, tierna. Una película intensa en la relación del amante del arte y de las mujeres sobre los objetos de su amor, casi impúdica en su intensidad, pero sin faltarle nunca un muy agradecido sentido del humor sobre sí misma. Una carta de amor al cine, a Madrid y al amor. Hecha a base de conversaciones bellas en sí mismas, de anécdotas compartidas, hecha por la necesidad de hacer y hablar de hacer cine, por la necesidad de plasmar el amor hacia espacios y ambientes (los de ese Madrid en blanco y negro noctámbulo, castizo, intelectual, borracho, entre la vanguardia y la tradición), por el deseo de conquistar a una chica.  Y hecha con una sensibilidad que desarma, con tanta honestidad y arrojo, tan divertida, con tanta libertad y tan a corazón abierto, que cuesta imaginar mejor cierre para un festival coherente en la selección de sus películas con los valores de la película de Trueba, y que nos ha hecho pasar un mes de cine inolvidable.

Los Ilusos

Imagen: Los Ilusos

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