Reportajes

El superviviente en el cine

Por Joan Mitjans

Pocos náufragos pueden decir que hayan pasado tantos meses en el mar y ninguno en compañía de un tigre de bengala adulto. Puede que, por eso y, por el talento del director, Ang Lee recibiera el Óscar a Mejor Dirección en su pasada edición de 2012. Pero La Vida de Pi, con tigre incluido, no es más que la última actualización de una larga tradición de historias que se repite desde siempre y que, como en cualquier otro arte, ha recorrido y explorado la historia del cine. Esto es, el mito del superviviente.

Desde el naufragio del Titanic a “Robinsons Crusoes” perdidos en islas desiertas, supervivientes de accidentes varios, gente que vuelve de la guerra, tsunamis  e incluso algunos otros que han sobrevivido al fin del mundo. Supervivientes los ha habido siempre y de todos los tipos.  No en vano nos encontramos con Noé, que construyó su Arca para sobrevivir al Diluvio, o al Ulisses de Homero, el mito de los mitos, que nos cuenta la historia de un hombre que es múltiples supervivientes a la vez.

Se trata de un arquetipo que se repite de forma constante en multitud de películas de todas las índoles, pero, ¿qué es lo que comparten Rose, Pi o Jack Sparrow? Lejos de querer hacer un recorrido histórico por todas estas obras, que a su vez sería una tarea titánica, nos podemos acercar a una serie de conexiones y constantes comunes de entre sus personajes, que puede que nos ayuden a entenderlos un poco mejor, aunque a lo mejor sólo sea un poco.

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–        Volver para contarla. El testimonio.

En Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra, cuando el Capitán Barbossa ataca Port Royal por primera vez, un prisionero le cuenta a Jack Sparrow lo espeluznante de ese navío: “No deja supervivientes”, le dice, a lo que Jack Sparrow contesta: “Entonces, ¿quién cuenta estas historias?”.

El superviviente es quien da voz, prueba o justifica una historia. Da el testimonio. Si nadie sobrevive, la memoria se pierde. Un documental de construcción enciclopédica como es Shoah de Claude Lanzmann, que reúne nueve horas de entrevistas con víctimas, testimonios y expertos sobre el Holocausto, rechaza cualquier tipo de recreación del pasado, ya que considera la reconstrucción como una mentira per se. Sólo las personas que han vivido la tragedia de primera mano pueden compartirlo con el mundo. Su director, de hecho, insiste en el deber de los personajes a contar su historia, por dura que sea: necesitamos su memoria.

En Titanic, es Rose quien nos cuenta la historia. Pi hace lo propio en La Vida de Pi.  Y en muchas otras ficciones vivimos la historia como la narración que nos cuentan sus protagonistas directos, en la única manera posible de hacernos entrar y revivir, al momento de los sucesos, todo aquello que sucedió tal cual pasó, tal cual lo vivieron sus supervivientes. Puede que nos cuenten la verdad, puede que no, pero como dice el Pi ya adulto: de entre la de la crueldad humana y la del tigre, “¿Cuál de las dos historias prefiere?”.

–        El sentimiento de soledad. La incomprensión.

Todo superviviente se siente solo. “tu n’as rien vu à Hiroshima”, que dice el protagonista de Hiroshima, mon amour, después de sobrevivir a la bomba atómica. Paradoxalmentea la función de testimonio, nadie puede comprender nunca del todo como se siente el superviviente. Sólo aquellos que han vivido juntos en la desgracia pueden comprenderse, o ni eso, ya que cada uno experimenta el dolor de una forma única e intransferible. El Freddie Quell de The Master, el último de muchos otros que han vuelto de la guerra… se encuentra con un mundo que no les comprende y que no son capaces de comprender.

El Superviviente en el Cine Foto1

Pero a veces uno sobrevive al apocalipsis. Son los únicos supervivientes en un mundo devastado y deben luchar contra fuerzas terroríficas, de la naturaleza, zombies o contra ellos mismos, para restablecer la civilización. Son narraciones más corales —aunque también las hay introspectivas— en las que el grupo de supervivientes se enfrentan a todo tipo de adversidades, huérfanos, mientras cada uno de ellos mantiene su lucha personal contra el trauma.

–        Sentido del caos y la culpabilidad. La pérdida.

Pero uno solo sobrevive donde otros no lo hicieron. Después de eso, el orden, la justicia y la armonía quedan destruidos. Nada tiene sentido y no hay explicaciones posibles. Por eso es comprensible que Pi, en su narración, quiera convencernos de la existencia de Dios, o por qué los profetas anunciaban la catástrofe del Titanic antes de que el barco zarpara, según la versión de Rose.

Elephant de Gus van Sant, sobre los asesinatos de Columbine, muestra la impotencia de los jóvenes del instituto delante de un destino azaroso y banal sin ningún tipo de explicación (porque no la hay). “Sobrevivir no era cuestión de mérito, era una cuestión de suerte”, como dice Primo Levi. También obras como Azul de la trilogía de Kieslovski o La habitación del hijo de Nanni Moretti, sobre personas que sobreviven a la muerte de la familia, en especial del hijo. Que los hijos mueran antes que sus padres no se corresponde con el sentido de equilibrio que tenemos del mundo. Estos personajes no podrán superar jamás la pérdida, ni el sentimiento de culpabilidad, solamente podrán aprender a vivir con ello.

–        Toma de consciencia. Renacimiento y redención. 

El Supervivente en el Cine Foto3

La imagen inicial de Lost es el ojo que se abre. Es el nacimiento de una nueva mirada, también de una nueva vida. En el tercer episodio de esta serie, titulado en consecuencia tabula rasa, Jack le dice a Kate: “Hace tres días que morimos todos. Tenemos que volver a empezar otra vez”.

En la condición de superviviente siempre hay una idea de muerte y renacimiento. Una parte de esa gente no lo logró, murió con el resto. Pero se les dio una segunda oportunidad. Los personajes de Lost tenían una vida secreta antes de llegar a la isla, estaban perdidos. Es después de la experiencia del accidente de avión que pueden expurgar su pasado y empezar de nuevo.

El dulce porvenir de Atom Egoyan nos cuenta la historia de un pueblo que pierde a todos sus niños, menos una, en el accidente del autocar escolar. Sólo Nicole sale del agua, y en su ascenso de las profundidades sus sueños desaparecen, pero vuelve entendiendo la realidad de una forma nueva, con un sentimiento de comunión y comprensión que le permite superar un pasado muy oscuro. Al final todo el pueblo de supervivientes renace de sus cenizas y aprende a vivir después de la catástrofe, con un nuevo grado de consciencia, viviendo el presente a sabiendas de todo aquello que el azar y el destino depara a cada uno de nosotros.

–        Una nueva vida

Si las historias de supervivientes nos atraen, si han estado ahí desde cuando podemos recordar, es porque supervivientes somos todos. Toda especie animal se basa en la supervivencia. Toda vida se basa en la supervivencia.

Pero más allá de nuestros deseos, debemos conformarnos en cómo suceden las cosas. Como Pi, debemos lanzarnos al mar, allá donde nos lleve y aprender, por el camino, a domar los instintos del tigre de bengala. Tanto en el cine comercial, en los documentales sobre el holocausto o en las películas más personales, buenas y malas, podemos sobrevivir al naufragio. El cine es, también, una lección de supervivencia.

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