Crítica

“Iron Man 3”, de Shane Black

Por Rodri Barayón

Iron Man 3: I am Tony Stark

 

Iron Man 1

Pongámonos en antecedentes. Allá por 2001, cuando Robert Downey Jr. tocaba fondo tras ser despedido de la serie que él solito resucitó, Alli McBeal, debido a su enésimo arresto, la carrera de Shane Black se encontraba completamente deshauciada. ¿Y quién era Shane Black? Pues un guionista que cobró algunas de las sumas más altas que jamás se habían pagado por un guión, debido a que de su pluma salían como churros bombazos de taquilla como Arma Letal o El último Boy Scout.

Cuatro años después, Shane Black da el salto tras la cámara y se embarca en la dirección de Kiss Kiss Bang Bang, una curiosa comedia criminal que pasó desapercibida en taquilla pero que, a la postre, significó el mayor acierto en toda su carrera.  Y es que decidió contar con Robert Downey Jr. para el papel protagonista, cuya sola existencia aumentaba de manera exponencial las ya de por sí sustanciosas cláusulas de los contratos aseguradores.

Lo que nadie podía prever era que el enfant terrible por excelencia del Hollywood de los noventa se fuera a convertir en uno de los intérpretes más influyentes de la industria (cada uno de los cincuenta millones de dólares cobrados por su participación en Los Vengadores así lo atestiguan) y que aprovechara su condición de megaestrella para agradecer a quien puso un granito de arena en su proceso de rehabilitación y recomendar a Marvel la contratación de Shane Black para la escritura y dirección de Iron Man 3 (esperemos que no le dé por ponerse obsequioso con los responsables de Cariño, estoy hecho un perro).

IRON MAN 3

Ser la primera producción de Marvel estrenada tras Los Vengadores podría entenderse como un obstáculo por la necesidad de mantener su altísimo nivel, pero precisamente por eso se esperaba mucho del Iron Man de Shane Black: Los Vengadores por fin permitió a la Marvel dar con una veta cinematográfica con un marcado estilo propio, muy espectacular y entretenido, alternativo al del prestigiado Batman de Christopher Nolan. Para colmo, su éxito permitió que el presupuesto de Iron Man 3 se viese incrementado en sesenta millones de dólares.

La mejor noticia es que Shane Black se hace plenamente consciente de la oportunidad que se le presenta y plantea esta tercera entrega como un cierre de saga independiente, desembarazándose de las estrecheces argumentales y de calendario que estropearon Iron Man 2, producida a matacaballo para llegar a tiempo a la congregación de superhéroes. Además, Black capta el espíritu del cómic sin olvidar que se trata de una adaptación cinematográfica, lo cual queda patente en una arriesgadísima decisión argumental que le acarreará la crítica de los fans más acérrimos, pero que logra sorprender al espectador.

Iron Man 3

La mala noticia es que la película está bastante descompensada. Por una parte, la espectacularidad de Los Vengadores aquí se ha interpretado en un sentido equivocado, llegando a un nivel de hipertrofia tanto en acción como en chistes que termina por abrumar (el momento chiste-de-retrete resulta divertido de puro desconcertante, pero más de uno se llevó las manos a la cabeza en la sala de cine).  Por otra parte, el argumento, planteado a modo de thriller, se sigue con interés y contiene varias tramas bien interconectadas, pero tarda en arrancar por lo arduo de sus explicaciones y, lo que es el mayor lastre de la película, se olvida de Iron Man en casi toda su parte central.

Y es que hoy parece inconcebible una película de superhéroes o agentes especiales que no muestre el lado más humano de sus protagonistas desde que Nolan nos enseñó el dilema existencial que suponía ser Batman. Que sí, que Robert Downey Jr. sigue en su salsa, agudo y divertido, pero Black se empeña en contarnos la carrera de obstáculos que Tony Stark tiene que superar para ser un héroe sin armadura a costa de forzar la trama, llegando a suspender su credibilidad por el sinfín de licencias argumentales que se toma, para equilibrar los fuegos artificiales de turno y la parte más personal… ¡Y encima se dejan a AC/DC por el camino!

En resumidas cuentas, Shane Black logra entregar un entretenimiento más o menos continuado durante dos horas, quedándose sólo en eso pese a contar con un reparto tan atractivo como solvente y lucir de manera realmente espectacular en algunas secuencias. Su mayor pega es que se nos trata de contar quién es Tony Stark con tanto énfasis que parecen haber olvidado que, si hemos comprado la entrada, es para ver a un tío que va al chapista en lugar de al sastre.

Iron Man 4

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