Inconfesables

“Fin de semana al desnudo”, de Mariano Ozores (1974)

Por Salva Martos Cortés

Cuando estudiaba en la escuela de cine estaba abducido por el cine de autor. Aunque suene mal “nos obligaban” a amar a Godard, Antonioni o Tarkovski, y de hecho yo mismo me sorprendí volviendo de marcha a altas horas de la madrugada y revisitando en Dvd la obra maestra de éste último, “El espejo”, con dos o tres copas de más, absorto en la pantalla y descifrando significados ocultos en la gramática cinematográfica de este genio del cine.

Una vez superada la enfermedad “del gafapasta”, y habiendo entendido que el cine es cuestión de gustos y no de intelectualidad galopante, puedo confesar sin miedo a morir en la hoguera que el cine español de los años sesenta y setenta, (sí, ese cine del que tan mal se ha hablado en tantos y tantos momentos), esta lleno de películas que me gustan y me apasionan, filmes que veo una y otra vez y me siguen divirtiendo e incluso despiertan en mi la envidia sana del aspirante a director que no le importaría conseguir un producto igual en algunas de sus hipotéticas producciones futuras.

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Si para el que escribe considera “Marisol rumbo a Río”, “Más bonita que ninguna” o “Abuelo made in Spain” como increíbles obras maestras de una cinematografía relegada a los programas del sábado por la tarde, “Fin de semana al desnudo” del gran e incomprendido Billy Wilder de nuestro cine, Mariano Ozores, es, a todas luces la guinda del pastel.

“Fin de semana al desnudo”, protagonizada por Lina Morgan, Alfredo Landa, Antonio Ozores y ¡Máximo Valverde! es una curiosa, atrevida y simpática mezcla de comedia, suspense y destape cuyo ritmo frenético e interpretaciones brillantes y pasionales merece un lugar de honor en la historia del cine de nuestro país. Con una maravillosa banda sonora de Antón García Abril (el que durante muchos años puso tono y melodía a las películas más taquilleras y famosas de nuestro cine), “Fin de semana al desnudo” es simple divertimento para aquellos que se dejen llevar por el cine hecho por y para el disfrute del personal. La película contiene una docena de secuencias hilarantes (quizás hasta ridículas) que se quedan en la retina del espectador; diálogos llenos de chistes malos, situaciones que rozan la casposidad más chabacana, efectos cinematográficos heredados de la era del cine mudo (pelea de tartas, aceleraciones de imágenes…), y su generosa ración de muslos femeninos de buen ver y pechos semidesnudos pre era silicona.

“Fin de semana al desnudo” es una de las últimas muestras más auténticas de un director que durante un par de décadas llenó los cines de nuestro país de espectadores ávidos de historias con un mero propósito; divertir al respetable.

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