Encuentros Culturales/Retrospectiva

Kryptonita clásica … “Breakfast at Tyffany’s”, de Blake Edwards

Por Eric Bertrán

Competir a puñetazo limpio con Superman no es fácil. Y menos aún si eres una mujercita mil veces vista en posters de Ikea, tienes pinta de no haber roto un plato y tu guión nace de una novela que poco tiene que ver con un superhéroe. La apuesta de los Cines Verdi es arriesgada y, sobretodo, muy bienvenida. Sólo por diferente, ya le da un primer meneo al de la capa roja antes de entrar en el cine.

Contar el argumento se me antoja a chasco (para eso están las aburridas sinopsis), prefiero invitar a quien quiera innovar que se vea este clásico y se recree en una historia dulce e icónica, donde la sutileza en el guión (¡cómo agudiza la pluma la censura!), la interpretación y el mimo en el encuadre, le dejan a uno con una espléndida cara de tonto de principio a fin. Más invitaciones: Nueva York de fondo, cigarrillos, bourbon, una melodía pegadiza desde la escena inicial (entrada sublime por cierto) y una sensación de ligereza en el sentido de la vida difícil de entender en el mundo angustiado de hoy. A uno le cogen ganas de volver a los sesenta y fumarse un pitillo dentro de un taxi.

44La voz cantante la lleva Audrey Hepburn, que coge de la mano al espectador a las 5.00 de la mañana delante de Tyffany’s y ya no lo suelta hasta el final de la película, distrayéndole a su antojo hasta el punto de que uno puede llegar a perder el norte (¿quién no lo perdería ante una chica que bebe leche en una copa de champán?). El personaje es tan fino y volátil como la pluma que se le aparecía a Tom Hanks esperando el autobús, y cuando uno adivina sus próximos pasos, ella tira de histrionismo, se coloca las gafas de sol (¿cuántas se habrán vendido?) y lo pone todo patas arriba con un par de frases de guión afilado. El hierático George Peppard ejerce de flotador cuando el norte apunta al sur y el personaje de Audrey se pasa de rosca.

45Aparte de algún desajuste menor como el del japonés del ático o el mini incendio del sombrero, el pero de verdad lo pondría en la falta de osadía de Blake Edwards (director) y George Axelrod (guión) en dibujar el personaje de Hepburn con un punto de ebullición tan rebajado en comparación con el de la novela de Truman Capote, de moralidad menos (aparentemente) cuestionable y sin notas de ambigüedad. Se dice que Truman Capote nunca quiso a Audrey en el rol, que incluso pensó en Marilyn Monroe, y de hecho, la propia Hepburn admitió que nunca se sintió cómoda con un personaje tan alocado, alejado de su manera de ser más de buena chica que de fresca con mayúsculas. Aún así, le dio para ganarse la nominación al Oscar a mejor actriz, y de paso convertirse en mito.

Una línea: Cuando pasados los días te encuentres la entrada del cine olvidada en un bolsillo del pantalón, la guardarás en el baúl de los recuerdos mientras tarareas Moon River.

Apto para: quien se pregunte quién demonios será la chica esa con gafas de Channel (y si vale la pena conocerla).

No apto para: quién crea que el cine clásico son sólo las películas de Chuck Norris y Terence Hill.

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