Inconfesables

“Big Trouble in little China”, de John Carpenter (1986)

Por Pablo Cobos

Camión. ¡Qué palabra!, ¡Qué sonoridad!, ¡Qué potencia!.  ¡Qué… americano!. Siempre pensé que era culpa de Loquillo eso de querer un camión para ser feliz, pero me equivocaba. Como en tantísimas otras ocasiones, la culpa es del cine. Y es que aunque parezca broma, tú y yo hemos visto muchas más películas de camioneros de las que pensamos.. ¿Recuerdas esa técnica “secreta” cosistente en darse la vuelta a la gorra para ganar un pulso? Yo, el halcón. ¿Recuerdas los inicios de Spielberg? El diablo sobre ruedas. ¿Nominación al Oscar por mejor montaje en 1977? Los caraduras.

Ok, ok, puede que 1977 no fuese un buen año para el cine (Se salvan La guerra de las galaxias y, para los raritos, Annie Hall), pero el caso es que si yo puedo nombrar tres películas de camioneros sin matar a mi neurona, será por algo. Y voy mas allá Guantanamera sigue ocupando un lugar de privilegio en mis pesadillas desde hace ya mas de quince años. Tranquilidad, que hay para todos, pero mejor las descubres en otro momento, porque voy a hablar de la mejor: Golpe en la pequeña china.

Perdón: GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA.

Nah, no es suficiente. ¡¡¡GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA!!!. Si, joder, así si.

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Y es que ni Patrick Swayze en Black Dog, ni Optimus Prime en Meganformers, ni leches en vinagre. El espíritu definitivo del camionero es Kurt Russell. El héroe de Tango y Cash, Scape from L.A, Death Proof y otros mojones varios alcanzó la cima de manos de John Carpenter en esta, la mejor película de ambos. Sucio, fuerte, tosco,  jugador, cervecero… Americano. Aquello que todo niño de los ochenta de cualquier parte del mundo (salvo tal vez la Rusia profunda) quería ser de mayor. No es que su interpretación sea magistral. No es que su mentón prominente y su pelo enlacado favorecieran una expresividad emocional superlativa. Es simplemente que Kurt Russell y Jack Burton son uno y lo mismo. El por qué lo desconozco, simplemente funciona. La magia del cine, que dicen algunos.

Pero empecemos por el principio. Era el año 1986, y John Carpenter ya llevaba mas de diez años haciendo mierda. Mierda de esa tan mala que su hedor emana de los altavoces de la tele. Mierda en 3D. Mierda Dolby Surround. Mierda que sólo de verla casi puedes masticarla… Pero mierda con denominación de origen.  El señor Russell por su parte no había hecho nada mejor. De hecho, ésta no es su primera colaboración. Como se suele decir, tanto va el cántaro a la fuente que al final suena la flauta, o algo así. En cualquier caso, a falta de estrellas del celuloide, el reparto se completa con un chino muy majo, otro chino muy majo más mayor, muchos chinos anónimos, una super-modelo china y Samantha, de Sexo en Nueva York (lo siento monada, no pienso aprenderme tu nombre). A la banda sonora, como de costumbre, el propio Carpenter. Vamos, una alineación de esas con las que pelear por la liga de campeones.

La cuestión es que todos cumplen. Al chino majo se le pide que de hostias a diestro y siniestro y las da. Al chino majo más mayor, que parezca medio loco y lo parece. Al señor Russell que sea él mismo y lo es. Por último, a las chicas se les pide que estén preciosas y sacan matrícula de honor. Con dos positivos. Y una beca para el curso siguiente. Vaya señoritas, oiga.

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Ahora bien, ¿de qué va esto?. Pues es bien sencillo. Jack Burton es un camionero que se detiene en el barrio chino de San Francisco para ganarse unos dólares apostando a vaya-usted-a-saber que juego raro. El caso es que para cobrar sus ganancias tiene que acompañar a su amigo el chino majo al aeropuerto, para recojer a una vieja novia que viene de china. Hasta ahí bien. El problema es que en San Francisco vive Lo Pan, un fantasma milenario condenado a vivir sin cuerpo hasta que contraiga matrimonio con una mujer china de ojos verdes (ahí lo llevas, jefe). Sí, lo has pillado, la dichosa novia tiene los ojos verdes, así que se monta la de San Quintín cuando ésta desembarca. Por ahí anda tambien la rubia, que después de ver la peli unas quince veces sigo sin saber muy bien que pinta allí. Al final el chino majo se queda sin su novia, y el bueno de Jack sin su dinero y aún peor: sin su camión.

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A partir de entonces todo es cartón piedra, artes marciales, magia negra y un tipo vestido de Raiden (personaje de Mortal Kombat, otro inconfesable que ya caerá…MWHAHAHA).

Todo esto puede no sonar muy bien, pero en cuanto le añades la camiseta de tirantes, la música de sintetizador, el hombre mono, una especie de mini beholder, y un par de comentarios que tratan infructuosamente de resultar jocosos, obtienes un clásico inmortal.

Eh, que va en serio. Golpe en la pequeña China tiene ese je ne sais quoi de las películas de los 80. En todo momento sabes que lo que estás viendo es más falso que un euro de madera, pero algo hace que te de exactamente igual. Por Dios, si es que hasta el romance, que lo hay, es ridículo… Pero si nunca has besado a nadie con la excusa de “alegrarte mucho de estar vivo” es que tienes el sentido romántico de un guisante.

Golpe en la pequeña China, palomitas, cerveza y pocas preguntas. La fórmula de la felicidad. Lo demás, como diría nuestro héroe, es cuestión de reflejos.

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Un pensamiento en ““Big Trouble in little China”, de John Carpenter (1986)

  1. Cuantas veces habré visto esta película dios mio! Como tu dices, hay muchas cosas que son de traca, pero tiene creatividad, imaginación, fantasía etc., que era lo que rebosaba en las geniales películas de los 80, q no había límites para la imaginación. Cualquier cosa rocambolesca que se les ocurría y hacian un películón.
    En fín, me he divertido mucho leyendote!!!!

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