La voz de Mister Marshall

M.C. the greatest mutafucka alive!!!

Por Mister Marshall

MTraje a medida, camisa almidonada recién  sacada de Savile Row, mirada desafiante, siempre apuntando un poco más lejos de donde alcanza la vista, como si quisiera escupir al resto de los mortales desde los hombros de los gigantes: “Todo lo que ves en el horizonte hijo… es mío.” Por supuesto la escena se completa con un buen puñado de gomina de la cara y un par de cojones. Así veía el mundo a Mario Conde en los ochenta y así lo seguimos viendo a pesar de los años. El modelo a seguir de una época pasada y cuyo relevo lo han tomado tipos con granos y con el dudoso gusto de vestirse como el “Nota”.

En realidad nada ha cambiado y la historia se repite en un ciclo infinito, mostrándonos a hombres hechos a sí mismos que, sin pertenecer a familias adineradas o a las tan bien llamadas élites, hacen un gran corte de mangas al mundo y le dan la vuelta a la tortilla, con el consiguiente disgusto de los todopoderosos que lo controlan todo en la sombra con la sensación de que, quizás, y solamente quizás, sean algo más fieramente humanos…

El sector bancario es una pequeña familia endogámica en la que es necesario llevar en los genes el cromosoma “Usura” para poder entrar. La llave solamente se entrega a aquellos que abren sus abdómenes, separan sus costillas y muestran al mundo sus apellidos. Y así podríamos extender la lista a cualquier otra actividad relacionada con el dinero e indirectamente con el éxito. Porque así es, éste se reproduce más fácilmente entre los miembros de una misma familia, estableciéndose cotos perfectamente delimitados que se defienden de los extraños con uñas y dientes.

Podríamos trasladar el mismo procedimiento al cine, la música, la televisión, la arquitectura, la artesanía… el ser humano funciona de esa manera y está en nuestra naturaleza defender lo nuestro, aunque sea a golpe de florete como argumentó una vez, ante un incrédulo Évole, el hijo tonto de la Duquesa de Alba.

MCLo gracioso de todo esto es que la vida es imperfecta, está llena de perfiles, de luces, de sombras y es, gracias a Dios, una fiesta de fractales que bailan al ritmo marcado por el paso del tiempo. De vez en cuando, el hijo de un inspector de aduanas, que jugaba a definir OPA’s hostiles en los descansos de su oposición para abogado del estado, redefine las reglas del juego y se cuela en la familia. A veces es aceptado, ya sea porque es limpio y educado y el chaval tiene potencial y su padre es un empresario de éxito y va a misa de doce pero otras veces debe de ser estirpado, como cuando pinchamos un absceso. De nuevo el equilibrio se reestablece, hasta que la codicia, la imparable necesidad de acumular, la infinita ambición de los hombres por llegar a Marte empuja a que otros lo intenten de nuevo.

Creo que todos nosotros somos posibles candidatos a entrar en la familia de lo que sea que estemos intentando conseguir, aunque no queramos reconocerlo. Vivir es cuestión de fe y necesitamos seguir creyendo que somos capaces de cualquier cosa aunque el precio a pagar sea la cárcel, el fracaso, el infierno o el olvido.

N.d.r: Por favor, no olviden vestirse bien cuando lo intenten.

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