Crítica

“Guerra Mundial Z”, de Marc Forster

Por Eric Bertrán

 

Entre el realismo casi gore de The Walking Dead y la ligereza fantasiosa de Zombieland hay un sinfín de puntos medios; uno bien podría ser Guerra Mundial Z.

Aquí no se engaña a nadie, esto es un blockbuster en toda regla, si uno quiere debate acerca del origen y futuro de la epidemia zombie o reflexiones sobre su impacto político-social, se habrá equivocado de sala (o debería leerse el libro). Los zombie freaks pueden quedar horrorizados, pero aún así dudo que no se entretengan si aceptan la honesta premisa que se plantea: entretenimiento a lomos de un héroe dispuesto a salvar al mundo del ocaso, lo de los zombies es un mero añadido.

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Es cierto que se hace difícil distinguir a la película de otros títulos similares, desde La Guerra de los Mundos a El Día de Mañana, y ahí es donde flaquea, en la sensación de que esto hay alguien que ya lo ha contado antes, con o sin zombies, desaprovechando esta vez la oportunidad de usar a los muertos vivientes como un verdadero elemento diferencial como amenaza para la humanidad. Se distingue ésta por su mencionada pretensión honesta, contundente en dar lo que promete, un uso comedido de la pirotecnia digital (muy de agradecer) y por secuencias sublimes que traspasan el mero taquillazo para entrar en un suspense muy digno: la laberíntica persecución del centro de investigación en Escocia es impecable en la realización, con una tensión logradísima, especialmente con el rechinar de dientes de un zombie en estado de gracia. A colación de los zombies, estos apenas aparecen, sorprende la liviandad en su tratamiento, atletas a la hora de correr y memos cuando están en estado de letargo, pero sin sangre en las venas (en pantalla no se ve ni una gota), y con la cámara pasándoles por encima a velocidad supersónica.

El pulso narrativo es muy dinámico, enérgico incluso, con escenas de gran impacto visual (la montaña de zombies ya anunciada en el tráiler) y forzosamente te encomienda al devenir de Brad Pitt, que va abriendo camino por medio mundo, melena al viento (cuestionable el look Kurt Cobain) y sin sobrarse demasiado en su rol de padre de familia reconvertido a héroe. Podría haber sido mucho peor. Es imposible que guste la película si se tiene animadversión por su actor protagonista, centro absoluto de cada mini episodio en la que ésta se estructura. Pero Pitt suena convincente haciendo de loco, de vampiro o de ladrón de guante blanco, posiblemente sea el único guaperas del star system que en su versatilidad siempre ha resultado creíble.

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La honestidad en este tipo de películas es su mejor virtud, y ésta, salvo algún coqueteo con el género de terror para adolescentes o una innecesaria alegoría de la paz en el intramuros de Jerusalén, lo consigue con solvencia. Si además le entregas la batuta a Brad Pitt, el mundo está a salvo.

Una línea: no hay vuelta de tuerca al género apocalíptico, y mucho menos al subgénero zombie, pero atrapa y entretiene.

Apta para: quien espere (por fin) un blockbuster honesto y coherente.

No apto para: zombie freaks o amantes del cine de autor.

Eric Bertrán

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