Crítica

“Pacific Rim”, de Guillermo del Toro

Por Julio César Torices

Mientras veía esta película recordaba varias referencias de mi adolescencia. La frase “¡Puños Fuera!” que Koji Kabuto gritaba desde su planeador instalado en la cabeza del robot Mazinger Z, cuando se enfrentaba a los temibles brutos mecánicos del Doctor Infierno, las series “Power Rangers” y “Bioman” o los hombres metidos en disfraces de goma que destrozaban maquetas en las películas de Godzilla, Gorgo, Ghidorah, Mothra y demás monstruos gigantes del “kaiju eiga”. A todas estas referencias se les hace homenaje en “Pacific Rim”, una película “de a dos”.

Dos son los mundos que combaten, dos son los pilotos de un jaeger (en alemán, cazador), los enormes robots construidos para combatir a los denominados kaiju (en japonés, bestia gigante), dos son los miembros en cada una de las relaciones que se narran en el film, relación entre hermanos, relación padre / hijo, relación protector / protegida, relación chico / chica, relación científico loco / científico chiflado y hasta relación hombre / perro.

Pacific-Rim-Robot-Pilots

Hay dos partes bien diferenciadas, la de los combates entre monstruos y robots y la de los combates entre personalidades, como la del soldado que pierde a su hermano en una batalla y combate con sus recuerdos que no puede borrar, especialmente cuando está tan metido de lleno en ellos; la del soldado que realizó una promesa y se ve obligado a cumplir aún a riesgo de perder a la persona que más aprecia, batallando entre su razón y su corazón, además de soltar a su regimiento el inevitable discursito con vena patriótica muy en la línea “Independence Day”; la del padre que sabe el tipo de hijo que tiene, nada agradable para él, pero aún así, a quien ha educado con la mejor intención, y combate entre las ganas de darle un abrazo y las de darle un bofetón; la de la chica que sabe bien lo que quiere, pero combate entre las opciones de rebelarse contra su superior o dejarse atrapar por sus propios temores…

Sobre el reparto debo decir que los actores están todos bastante correctos, aunque a mí no me pega para nada el papel histriónico de Burn Gorman (mi querido Owen de “Torchwood”) como un científico bastante ido de la olla, que también combate con su colega, otro científico al estilo Rick Moranis, por ser el más listo de los dos. También veo intrascendente el cameo de Santiago Segura, que parece ser tiene el futuro asegurado haciendo cameos en toda la filmografía por venir de Guillermo del Toro, y lo que sí me ha gustado es el irreverente cameo de Ron Perlman como el inevitable rastrero que se dedica a sacar lo que puede de los kaiju muertos para venderlo en el mercado negro, haciendo velada referencia en una escena a su papel protagonista en “Hellboy”, también del director mexicano, y en el que ya se enfrenta con varios monstruos gigantes.

PACIFIC RIM

Y por supuesto, lo que más mola, las inmensas batallas (alguna de ellas un pelín confusa) entre los kaiju que vienen de un mundo situado al otro lado de una brecha interdimensional y los gigantescos jaegers creados por la humanidad, armados con todo tipo de cañones, misiles, espadas y mil cosas chulas, y pilotados por dos bravos combatientes que ¡atención! deben ser neurológicamente compatibles, es decir, conectar sus recuerdos entre sí, y cuanto mejor sea la conexión, mejor podrán pilotar el jaeger y pelear con él, ya que para una sola persona, el pilotaje de un jaeger resulta excesivo.

Aquí viene una de las partes más interesantes de la historia. En una secuencia, uno de los científicos consigue conectar brevemente con el cerebro de un kaiju, y vemos en flashbacks, y posteriormente con más claridad, cómo es el mundo de los kaiju, donde se aprecia velozmente una especie de ojo gigante que, al modo de un Sauron monstruoso, controla todo lo que se mueve en esa dimensión. Tal vez sea mi imaginación, pero creo que por ahí puede ir la secuela de esta película y, casi seguro, futura trilogía (a pesar de un final que parece más bien cerradito).

PACIFIC RIM

Pero si me tengo que quedar con una escena es la de la niñita china con el zapato rojo en las manos huyendo de un kaiju, que me recordó de inmediato a la más real y triste fotografía de otra niña huyendo del terror cuando se arrojó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, y a la que probablemente, esta secuencia rinde un homenaje. Otra cosa a destacar del film es su banda sonora, bastante épica, compuesta por Ramin Djawadi, de quien todos habremos escuchado alguna vez su “master piece”; la sintonía de la serie “Juego de Tronos” y que merece la pena comprar para escucharla independientemente de la película.

No puedo contar más, hay una serie de sorpresas que debéis descubrirlas vosotros mismos, porque es IM-PRES-CIN-DI-BLE que esta película vayáis a verla al cine, ya que sin duda alguna es la más ES-PEC-TA-CU-LAR que podréis ver este año. Con permiso de la próxima trilogía de “Star Wars” que dirigirá J.J. Abrams a partir de 2015, considero que esta película ya es el “Star Wars” del siglo XXI.

Y termino resumiendo mi crítica en solo tres palabras: ¡Jolín, qué pasote!

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