La voz de Mister Marshall

Maricón

Por Mister Marshall 

Nací el 3 de Febrero de 1933 y morí el 23 de Julio del 2013. Lo primero lo hice en las islas Vírgenes y esto último en Nueva York, en una residencia para mayores. Me llamo Emile, Emile Griffith y fui campeón del mundo de los pesos medios y welter.

En la época en la que comencé a boxear los pobres entretenían a los ricos en un cuadrilátero, ellos gritaban y nosotros nos afanábamos en pegar primero para no recibir los golpes, a veces en forma de crochés y otras en forma de palabras. Yo trabajaba como diseñador de sombreros hasta el día en que Gill Glancy me vio sin camiseta y me llevó directamente al gimnasio del barrio, donde rápidamente demostré a todos que tenía cualidades para sacudir hostias a diestro y siniestro,  no porque fuera violento, sino porque tenía miedo de que me hicieran daño.

Poco a poco fui combatiendo, haciéndome un nombre y ganando apenas unos centavos para vivir, hasta el día en que tuve acceso al título de los pesos medios, título que disputé a un cubano duro como una roca llamado Benny “Kid” Paret.

Y le gané, gané mi primer título y pude pasearme por el barrio del brazo de mi madre, demostrando a todos lo mucho que valía. Mi vida cambió y seguí ganando combates. De nuevo Benny Paret se cruzó en mi camino allá por Septiembre del 61. Esta vez perdí a los puntos. Aún me sigo preguntando cómo pude perder esa pelea. No podía quitármelo de la cabeza y le pedí una revancha.

Emile Griffith vs Benny Paret, Benny (Kid) Paret lies helple

El día del pesaje, delante de cientos de periodistas y mientras mostraba mis enormes bíceps a los flashes de los fotógrafos escuché aquella palabra: MARICÓN.

El muy ingenuo creía que no entendía el español, pero esas siete letras resonaron dentro de mis oídos como la campana que anuncia el principio de un combate por el título. Maricón. En realidad quiero lo mismo a los hombres que a las mujeres pero si me preguntan cuales son mejores….prefiero a las mujeres. Lógicamente no era como ahora. En aquella época ser homosexual era algo que debía esconderse, de hecho podías acabar en la cárcel por el simple hecho de frecuentar bares de ambiente… Pensándolo bien, las cosas no han cambiado tanto. Cuando veo lo que está ocurriendo en Rusia me doy cuenta que queda mucho por hacer… Bueno, que me desvío de la historia.

Llegó el día de la pelea. Nos dimos duro, arriba, abajo, jabs al cuerpo, a la cara, uno, uno, dos, retrocede, ¡¡¡ponle contra las cuerdas!!!.Y llegó el sexto asalto y ocurrió. Arrinconé a Benny en el rincón y seguí golpeando, seguí golpeando, sin pensar. En total 17 puñetazos en 5 segundos. Y el arbitro paró la pelea y Benny cayó, lentamente, deslizándose sobre las cuerdas, como la nieve de los tejados. Diez días después, y mientras su mujer le sujetaba la mano en el hospital, murió. Lo maté a hostias. Y ahí acabó todo.

Es extraño cómo son las cosas. Maté a un tipo en el ring y los demás parecen entenderlo. Pasa como en la guerra, parece que cuando las condiciones cambian, la muerte es lícita y no se condena. Espero que su mujer pueda perdonarme algún día. Muchos lo hicieron. Sin embargo, otros tantos nunca me perdonaron que amara a un hombre. Eso me convirtió en un monstruo, un invertido, un maricón. Esa fue mi condena y parece ser que a pesar de que ya seamos capaces de cualquier cosa que en los sesenta era un simple sueño, millones de personas siguen siendo prisioneros del género al que se dirige su amor. Este mundo es demasiado extraño y los golpes que más duelen a veces son aquellos que recibes sin que te toquen la cara.

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