Crítica

Kick-Ass 2, de Jeff Wadlow

Por Rodri Barayón

En una época cinematográfica que muy probablemente será recordada como la era de los superhéroes, se agradecen las historias que se distancian del arquetipo de superhéroe y nos cuentan historias de seres humanos con excéntricas aspiraciones, como la subversiva Super (2008) de James Gunn, Defendor (2009) de Peter Stebbings o la propia Kick-Ass (2010), de Matthew Vaughn, basada en el cómic homónimo de Mark Millar.

Esta primera parte triplicó lo invertido en ella gracias en gran medida al mercado del vídeo doméstico, convirtiéndose de manera inesperada en un filme de culto debido a su espectacular (y entretenidísimo) uso de la violencia y a su humor negro no apto para los paladares más delicados, con una irreverencia y ausencia de carga moral inéditas en el género de los justicieros enmascarados. Además, la historia se centra en un chico que no está condenado por su propia condición a ser un superhéroe, sino que es él mismo quien pretender serlo y se mete en el berenjenal de manera plenamente consciente, permitiéndonos observar hasta qué punto sus actos tienen consecuencias en una divertida historia de venganzas y, en definitiva, mamporros a diestro y siniestro.

Kick-Ass 2 1

Kick-Ass 2 parte del punto en el que terminaba la primera entrega, con Kick-Ass deseando convertirse en un justiciero de verdad y Hit-Girl frustrada por haber prometido a su padre no volver a calzar las mallas de superheroína. Al igual que la primera parte, se basa casi plenamente en el cómic de Mark Millar, cuyo segundo volumen nos cuenta cómo Kick-Ass se une a una liga de aspirantes a superhéroe llamada “Justicia Para Siempre”, siguiendo la estela de la infinidad de viñetas que ya antes nos habían contado cómo funciona una pandilla de esta naturaleza.

Lo que hace Kick-Ass 2 es lo más comprensible desde el punto de vista de una productora: coger la fórmula que tan bien funcionó en la primera entrega e intentar calcarla para satisfacer a los fans sin renunciar a nuevos espectadores, por lo que el trabajo de Jeff Wadlow se limita a seguir la estela de Matthew Vaughn, el director y coguionista del Kick-Ass original.

¿Y qué es lo que consigue Jeff Wadlow? Unas escenas de luchas muy bien rodadas, espectaculares y que justificarán el importe de la entrada para gran parte del público pero que, quizá por motivos presupuestarios (esta secuela tiene un presupuesto de veintiocho millones de dólares frente a los treinta de la anterior), padece una falta de imaginación muy notable en el resto de la cinta, ya que se alternan los momentos más grandilocuentes con otros que recuerdan a un telefilm, no llegando a encontrar nunca la cinta un tratamiento homogéneo.

Film Title: Kick-Ass 2

En cuanto a la parte de la historia, introduce cierto pudor moral frente al cómic, mucho más crudo y violento, y otorga más protagonismo tanto a Hit-Girl, introduciendo una subtrama de aceptación y acoso en el instituto (es curioso que la actriz que la interpreta, Chloë Grace Moretz, vaya a ser la protagonista del remake de Carrie), como al villano de la función, el Hijoputa, que en la película utiliza a su guardaespaldas como una suerte de recadero, al más puro estilo de Bruce Wayne con Alfred pero de una manera mucho más bizarra. Si bien es cierto que estas subtramas tienen demasiado interés por sí mismas, aportan comicidad (gruesa) al conjunto. Al fin y al cabo, el humor es la baza más importante de la película junto a la acción, ya que el apelotonamiento de sucesos trágicos y la ligereza con la que suceden hacen que la parte dramática resulte prácticamente inocua.

Los destellos de algún secundario, como el caso de John Leguizamo como “mayordomo” del Hijoputa o Jim Carrey en el papel de un exmafioso reconvertido a superhéroe, salvan un apartado interpretativo bastante ramplón, en el que el dúo protagonista parece encontrarse bastante perdido. De todos modos, quien se haya acercado al cine para reencontrarse con las acrobacias de Chloë Grace Moretz y las palizas de Aaron Johnson que, verá colmadas sus espectativas.

En resumen, Kick-Ass 2 ofrece un entretenimiento que no disgustará a los que disfrutaron con la primera parte porque toma su receta y la calca casi punto por punto, pero a aquellos que fueron al cine no sólo para atiborrarse de palomitas dejará desencantados.

En dos frases: Kick-Ass sigue pateando tantos culos como en la primera parte, pero no resiste la comparación con su predecesora. El chicle se va estirando y la puerta abierta a una tercera parte amenaza con que termine rompiéndose.

Puntuación: ** / *****

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